lunes, 19 de julio de 2010

Inmigración en un "cul de sac"

Hay una cuestión acá en América…

Los que estamos acá, vinimos de allá. Vinimos con misiones, con encargos, con un trabajo que hacer. Para la Corona, por ejemplo, funcionarios. Otros conseguían mercedes reales, segundones de casas nobles, sin tierras. Otros habían peleado en las guerras europeas por España y por su servicio recibían tierras o encomiendas acá. Todos llegaron con una historia que dejaron atrás, porque no regresaron. Esto mientras fuimos colonia española, hasta 1810.


España no permitió la libre migración a sus colonias, no le interesaba poblar, sino explotar. Si los nativos americanos no alcanzaban para el trabajo en las minas y los campos, importaban esclavos de África. Ni el español ni el portugués trabajó en las minas, las estancias y las plantaciones, era el patrón. Es decir, el que hacía trabajar a los otros. Y ni eso, usaba capataces.


En Argentina, después de la independencia, bastante después, a partir de 1880, cuando se liberan tierras en poder de nativos nómades, las llanuras templadas y los bosques subtropicales, recién entonces, se produce la gran migración europea. Esa liberación de tierras fue una campaña de exterminio, igual que en EEUU. Lo más innoble. También en la guerra del Paraguay, que fue igualmente ignominiosa con la alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay.

Después, en esa gran migración de fin de siglo XIX, comienzos del XX, la gente que vino fue de otro tipo. Campesinos sin tierra cansados de trabajar para el Señor en Europa o familias enteras que se mudaban buscando paz, tierra y trabajo; italianos, españoles, irlandeses, franceses, suizos, alemanes, griegos, árabes (tanto de África del norte como de Medio Oriente). También aventureros de todo tipo que daban la vuelta al mundo y terminaban acá. Si miramos el mapa, vemos que somos un cul de sac. “Calle sin salida” es el cartel en el puerto de Buenos Aires.

Acá nos cocinamos a fuego lento durante el siglo XX y ahora hay una rara mezcla con mucha carga en sus espaldas. La historia del mundo entero en un lugar. Mucho que limpiar, mucho que sanar. Y recién estamos empezando.

Gracias Marta por el aporte
(Foto: comunidad armenia en Buenos Aires)


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